sábado, 26 de marzo de 2022

ANÁLISIS DE COYUNTURA LATINOAMERICANA COORDINACIÓN ANARQUISTA LATINOAMERICANA (CALA)

(Marzo 2022)


En los últimos meses la situación política latinoamericana pareciera lograr cierta estabilidad, especialmente con la salida institucional a la revuelta en Chile luego de las elecciones. Sin embargo, en realidad, se abre otro capítulo en esta coyuntura, donde aún muchas cosas están en disputa y lejos se está de una “estabilización” política y económica en el continente.

                La situación de la invasión militar rusa de Ucrania y todas las derivaciones y desarrollo que pueda tener van a impactar en nuestra región de un modo u otro. Ya en lo inmediato, los precios de las materias primas se han disparado en el mercado mundial, lo cual puede generar mayores ingresos en nuestras economías nacionales, pero no necesariamente mejorar su distribución, sino que se enriquezcan más las burguesías latinoamericanas, aumentando al final aún más nuestra dependencia económica.

Como ya sabemos Latinoamérica comparte características estructurales, no solo culturales, sino también políticas y económicas, especialmente en cuanto a su relación con los grandes proyectos imperialistas. Sin embargo, las coyunturas políticas van siendo disímiles entre los países en las últimas décadas; a pesar de poder identificar ciertas oleadas de corrientes políticas que van configurando la realidad de la región.

                En este sentido, los llamados gobiernos identificados con el socialismo del siglo XXI habían configurado una disputa política entre cierto progresismo gubernamental y aquellos gobiernos más reaccionarios en materia política y económica. Los primeros arribaron al poder desde 1999 después de grandes luchas populares, fueron arrancando algunas conquistas sociales, pero a través de un proceso de institucionalización y burocratización perdieron su impulso, y a partir de ello también, como efecto dominó, se presentó la crisis y el agotamiento de dichos proyectos gubernamentales, que mostraron sus límites en cuanto a intención y capacidad de materializar el cambio.

                En este marco, en los últimos años la derecha continental se ha ido adaptando, modificando y fortaleciendo en ciertos países como Brasil. Sin embargo, por debajo de estas disputas partidarias, la verdadera y concreta constante ha sido el ajuste económico y la represión que han ido en aumento en la última década y una resistencia popular, a veces más o menos articulada y organizada.

                En 2019 se iniciaba un ciclo de protestas populares enormes en todo el continente que comprendió países como Puerto Rico, Haití, Colombia, Ecuador, Chile y Bolivia, donde los pueblos ganaban las calles con gran masividad e importantes niveles de acción directa. La represión fue inmensa y terrible en todos los lugares, con gran cantidad de casos de personas asesinadas, mutiladas, encarceladas y lesionadas por las fuerzas del orden burgués.

                En este gran ciclo de protestas, los pueblos decían basta de esa manera, a décadas de latrocinio, despojo, represión constante y políticas neoliberales, como los mostraban los casos de Puerto Rico, Chile y Colombia. Desde arriba, las clases dominantes y sus actores políticos se apresuraron a contener dicha marea como en Chile, donde aparecieron las “soluciones” y los pactos firmados entre todos los partidos del sistema y la votación de leyes que reprimían la protesta y cierto tipo de acciones, también con aval de todo el espectro político electoral. También en Chile, aparece como principal apuesta la convocatoria a una Convención Constituyente, como modo de canalizar institucionalmente el descontento popular y sacar cierta presión de las calles, lo que daba cuenta la magnitud de las protestas y empujaba a que la “clase política” tomara algunas medidas en consecuencia.

Colombia que también venia de importantes movilizaciones en 2019, fue protagonista de un gran estallido social desde finales de abril de 2021, con grandes movilizaciones y diversos llamados a paros nacionales, convocando sectores sindicales, estudiantiles, barriales y sociales a resistir el programa de ajuste económico sistemático del gobierno Iván Duque. Las protestas fueron fuertemente reprimidas, pero esto lejos de aplacar el conflicto lo agudizó aún más demostrando la fuerza de los y las de abajo. Así se logró poner freno parcialmente a la avanzada del gobierno.

                Las movilizaciones sociales de 2021 en Colombia y también en Cuba, Haití, Guatemala, Ecuador, Costa Rica y Belice tuvieron una gran importancia. Por supuesto, en estos años el proceso de lucha ha sufrido reflujos y enfriamientos, así como un encauzamiento institucional; sin embargo, el clima de agitación y el trabajo de base previo de algunos sectores, ha impulsado grandes movilizaciones a lo largo del 2021 y ha generado avances como lo muestra el movimiento feminista con la reciente despenalización del aborto en Colombia.

                Hoy con la pandemia del Covid y las restricciones mediante, la estrategia de mantener todos los conflictos dentro del cauce institucional burgués ha dado ciertos frutos. En Chile la Convención Constituyente viene discutiendo a paso lento y con escasos avances aún, y ha triunfado electoralmente Gabriel Boric, liderando una “alianza de votos” en la segunda vuelta de espectro progresista y con apoyos de principales figuras de la antigua Concertación como los expresidentes Michelle Bachelet y Ricardo Lagos, los mismos que fueron garantes de mantener el pinochetismo en democracia y reprimir protestas populares. Boric recibió el voto anti -Kast, una especie de voto antifascista. Un Boric triunfal se muestra moderado, negociador, incluso en lo referente a los contenidos de la nueva Constitución.

                Hoy Boric es un hombre del sistema: surgido de las luchas estudiantiles como dirigente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile en 2011 por un sector autonomista, rápidamente incursionó en la política parlamentaria y participó en la conformación del Frente Amplio chileno (tomando nombre y ejemplo del Uruguay) que se planteaba como una alternativa al bipartidismo entre la Concertación y la Derecha. Como parlamentario, fue firmante del acuerdo por la Constituyente propuesto por la derecha y apoyó medidas antipopulares de carácter represivo hacia la protesta social, para luego convertirse es un candidato a medida del momento, que permita al sistema político en Chile reconstituirse, bajando las aguas de la marea popular. No es ni más ni menos que una salida electoral de tinte progresista a las causas profundas del estallido.

                En Bolivia en cambio, el gobierno golpista de Jeannine Añez que asumió el poder en noviembre de 2019, fue herido de muerte por las masivas movilizaciones populares. Si bien estas movilizaciones reclamaban convocatoria a elecciones inmediatas y por esa vía lograron la elección de Luis Arce, colocando nuevamente al Movimiento al Socialismo (MAS) en el gobierno, marcaron el fin de una dictadura que, por suerte, no termino de consolidarse.

Más allá de toda la burocracia que ha generado el MAS y los intentos por controlar a las organizaciones populares desde el Estado, son los movimientos sociales los que hoy están movilizando en la calle contra los nuevos intentos de desestabilización de la derecha. Si bien ello se puede manifestar en cierto respaldo al gobierno de Luis Arce y a la figura caudillista de Evo Morales, y con cierto “entrevero” ideológico, es interesante la presencia del pueblo en la calle para frenar a la derecha, pero también para ponerle límites al gobierno.

En Brasil, en los últimos años se establece una etapa de destrucción de derechos de forma asoladoramente rápida. El avance neoliberal presente desde 2016 trajo nuevamente el hambre y la inseguridad alimentaria a 10 millones de personas y el actual gobierno del ex militar golpista Jair Bolsonaro avanza sobre el pueblo pobre y negro con su máquina de matar gente, la policía militar. La política neo liberal de Bolsonaro, reforzó el sistema de ajuste y represión, el sistema de hambre y de muerte, mientras el mercado de lujo aumentó en 81%, representando el aumento de la desigualdad entre los más ricos y los más pobres.

                Los ataques contra los derechos sociales continúan en el país continental, a través de las políticas para retirar los derechos de los pueblos originarios, como el marco temporal y hacer la vista gorda al garimpo y a las quemas del sector agropecuario; la mayor frecuencia de ataques armados por parte de fuerzas para policiales contra los movimientos sociales en el campo y en la selva; la liberación de centenas de nuevos y más insalubres agrotóxicos, además del agravamiento de los desastres ambientales causados por la explotación desenfrenada de la minería y del sector energético.

 

La derecha latinoamericana 

                Luego de una década progresista, los distintos partidos de derecha volvieron a gobernar en la mayoría de países del área especialmente desde 2016. En este contexto tenemos dos matices de derecha que se complementan y son movilizados por la clase dominante cuando la capacidad de contener la furia de las calles desborda a los partidos progresistas del orden.

El Gobierno de Maurcio Macri en Argentina fue un claro ejemplo de embestida neoliberal, barriendo derechos, aumentando el desempleo de trabajadores públicos y privados, generando más inflación y desatando una crisis económica, que se ha traducido un inmenso empobrecimiento al menos de la mitad de la población argentina.

                Pero, sobre todo el discurso macrista venía con nuevos aires de crítica a la protección de derechos sociales y favorecer la ampliación ilimitada de los márgenes para las acciones de las empresas, especialmente las trasnacionales.

                En este punto cabe aclarar, que la agenda empresarial y de derecha que se viene imponiendo, en muchos casos trasciende el tinte partidario. En este sentido en Argentina, la carrera electoral cortoplacista y la defensa por encima de todo de la gubernamentalidad ha llevado al actual gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner a mantener continuidad en las políticas de ajuste. Esto es posible verlo en dos puntos por demás de ilustrativos. El primero, la negociación y pago de la abultada y escandalosa deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) contraída por Macri (con aval del congreso), con la consecuente sumisión a los mandatos de este organismo respecto de la política económica. El segundo, que traemos a colación porque fue uno de los hitos de resistencia a las políticas de miseria del macrismo, es el de las jubilaciones, cuya fórmula de cálculo actual es incluso peor a la anterior.

                Otros gobiernos muestran un tinte más liberal, como es el caso de Lacalle Pou en Uruguay, pero también apelan a la represión. La ley de Urgente Consideración (LUC), que tendrá una de sus partes sometida a referéndum a fines de marzo de 2022, contiene una importante estructura jurídica para avanzar en términos represivos, adelantar privatizaciones, desarrollar una quita de derechos populares e implementar un recorte del presupuesto público para áreas sociales como la educación y la vivienda, entre otros. Es un gobierno neoliberal, que intenta avanzar fuertemente en estas políticas para el período.

Otro tipo de derecha también avanza inspirada en el ascenso de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, una extrema derecha con participación de sectores fascistas y nazis, y componentes fuertemente ultraconservadores y religiosos. Jair Bolsonaro llega al Planalto siguiendo una política que ataca frontalmente las ideas de izquierda e incita sus seguidores a manifestarse violentamente contra la izquierda y los movimientos sociales. Esto en un contexto en que la violencia política contra los movimientos del campo y los pueblos originarios aumenta exponencialmente. A consecuencia de eso, hoy en Brasil vemos la ampliación de todo tipo de grupos de derecha en las calles, la reactivación de células neonazis y el aumento de casos registrados de apología pública al nazismo en 900% en los últimos 10 años.

                Esencial para el triunfo electoral de Bolsonaro en 2018, fue el apoyo de las iglesias evangélicas fundamentalistas y en una región en las que éstas ganan cada vez más presencia, desarrollando una clara actividad política e ideológica en la que machacan conceptos reaccionarios a toda la población, favorecen políticas anti derechos y defienden sus negocios.

                Otro sector importante fueron las ‘milicias’ conformadas por ex-policías y los sectores políticos más corruptos, antiguos y amiguistas. Las evidencias se acumulan en lo referente a su implicación con la mafia del sector policial y con la operación que condujo al asesinato de Marielle Franco. También se involucra abiertamente en grandes negociados con partidos y sectores empresariales de gran poder, como el agronegocio.

                Es esta derecha con gran agresividad ideológica, la que viene marcando la agenda política en los países latinoamericanos hace ya bastantes años. Es una derecha que no tolera ni un atisbo mínimo de progresismo siquiera y ahora intenta bajo el liderazgo del fujimorismo desestabilizar el gobierno de Pedro Castillo en Perú, como ayer dio un golpe de Estado en Bolivia con fuertes componentes evangélicos y racistas. Es una derecha rancia, que poco le importan las reglas del juego político liberal burgués, y que tiene claro que no tendrá reparo en apelar a golpes de Estado o al fraude electoral para conseguir sus objetivos. Han realizado masacres contra diferentes poblaciones como en Bolivia o han dejado expandir el Covid dejando morir a gente del pueblo como en Brasil. Son genocidas, sin más. 

                Esta andanada ideológica de la derecha radical penetra fuertemente en las sociedades latinoamericanas y se expanden los valores de la libre empresa, la visión de lo social como un gasto que hay que recortar, la justificación de la represión como forma de castigar el descontento y a los sectores populares solo por el hecho de ser pobres, y un imaginario en el que la sociedad es vista como una empresa privada, con todas las consecuencias que dimana de ello.

                Esta derecha habla de libertad, pero su “libertad” es pequeña, egoísta y paranoica, estando bien limitada a la esfera económica, esto es la libertad de inversiones, la libertad para el capital, y la libertad para el despliegue de las iniciativas privadas y de empresas multinacionales, en suma, libertad para los ultra ricos de hacer a su antojo y privatizar el mundo. Ejemplo bien notorio de esta tendencia es Javier Milei y su mal llamado “Partido Libertario” en Argentina, que no es más que una veta por extrema derecha del conservadurismo cultural y el neoliberalismo más simplón o el Partido Nuevo en Brasil con su composición y apoyo de banqueros e inversionistas de la bolsa de valores. Críticos de una “clase política” con la que guardan múltiples vínculos, se postulan a políticos acompañados de militantes del más rancio tradicionalismo -vaya contradicción-, y aunque dicen querer eliminar el Estado en si -reforzando en cambio el poder autoritario de los empresarios-, en la práctica de hecho se plantean administrarlo para llevarlo a su mínima expresión en lo que hace a controles al capital y políticas sociales y maximizándolo en lo que refiere a represión contra los movimientos populares.

Los libertarianos o ultra liberales con elementos fascistas, pretenden una mayor concentración de la riqueza en pocas manos y un brutal y autoritario aumento de las políticas represivas. De hecho, el propio Milei se ha declarado simpatizante de la última dictadura militar argentina que fue pionera en la implementación de las políticas neo liberales en el continente, al tiempo que ha defendido que la enseñanza debe ser enteramente privada esto es presa fácil del lucro empresarial y el autoritarismo familiar y clerical.

                Cabe aclarar que como anarquistas consideramos que estos sectores capitalistas conservadores no son libertarios como muchas veces se auto proclaman; esta denominación está históricamente ligada al socialismo libertario, otro nombre que daba Bakunin al anarquismo. Los sectores de derecha mencionados en el párrafo anterior, ajenos a la lucha contra la dominación social y defensores cerrados de la opresión capitalista, pueden ser mejor llamados ultra liberales.

                En resumen, esta derecha, en sus múltiples variantes, ha tomado nuevos bríos y desata una fuerte lucha ideológica contra toda la izquierda, en particular contra los “progresismos”. Justamente los procesos progresistas tienen allí un lado flaco, débil. Lo que han llamado “la batalla cultural” no ha sido trabajada por los gobiernos progresistas, que apuntaron a mantener la cultura política tradicional y generar una serie pactos entre el capital y el trabajo que conllevan un aumento del consumo como forma de generar supuestos valores de cambio favorables a la izquierda. De más está decir que el consumo de por sí no genera un pueblo fuerte, capaz de construir y tomar en sus manos su destino. Pero lo cierto es que cualquier pequeña medida tomada por este tipo de gobiernos es blanco de los dardos de todo el amplio abanico de la derecha, que critica estas políticas casi como si se tratara de cambios revolucionarios, cuando en realidad son “mejoras” y la mas de las veces están aún lejos de ser “reformas”, al menos.

                Es cierto que algunas de estas “mejoras” han significado que porciones importantes de pueblo vivan un poco mejor, ello no es desdeñable, pero esto sin modificar las estructuras de pobreza, desigualad y exclusión, por lo que no podemos colocar ese tipo de medidas como el horizonte político máximo y de cambio profundo al que aspire la izquierda revolucionaria. La izquierda con intención realmente transformadora debe aspirar al socialismo auto gestionario, la libertad y a las transformaciones revolucionarias.

                Para cerrar el análisis de la derecha latinoamericana en esta coyuntura, debemos señalar que las medidas de cuarentena sin condiciones sociales tomadas por los gobiernos durante la pandemia del Covid han sido utilizadas por sectores de esta corriente política, incluyendo sectores neonazis, para ganar las calles y tener una fuerte presencia pública y dar la lucha ideológica, hablando de una libertad excluyente e insolidaria como decíamos. Paradójicamente quienes aspiran a implantar el fascismo o formas similares de gobierno y sociedad en nuestros países, hablan constantemente de “libertad”, pero, además movilizan a decenas de miles de personas y canalizan a partir del odio, el miedo y la ignorancia, parte del descontento social hacia posiciones reaccionarias. Ello viene ocurriendo hace tiempo ya en Europa y esta región un buen espejo donde mirar algunos de los posibles desarrollos de este monstruo como Agrupación Nacional en Francia, Vox en España o Alternativa para Alemania. Esta también una llamada de atención para los sectores populares y de izquierda a no abandonar las calles y fortalecer la organización popular.

Perspectivas

                Hace ya unos años, concretamente en 2019, señalamos que se había abierto una etapa de lucha popular en las calles en nuestro continente. Esa etapa parece no haberse cerrado; aunque la pandemia impactó fuertemente en bajar el ritmo de ciertas movilizaciones, mientras se potenciaban otras luchas en varios rincones del continente como las de los trabajadores y las trabajadoras de la salud o los desempleados. Y seguramente, sus efectos más duraderos generarán nuevas revueltas.

                Esta etapa o ciclo no es una carrera ascendente, tiene avances, retrocesos, períodos de calma y de preparación de nuevos combates. Ha sido una característica saliente en todo este período la masividad de las protestas y su extensión y duración en el tiempo. Habrá que analizar en cada caso los avances organizativos, y a nivel político e ideológico lo que deja cada uno de estos procesos. Pero sin lugar a dudas es una etapa abierta de lucha.

                 Luchas que deben contar con un componente ineludible: la independencia de clase. Como decía León Duarte, compañero de la Federación Anarquista Uruguaya (FAU): “En lo que tenemos que confiar siempre es en nuestra lucha”. No debemos permitir que se canalicen las peleas y aspiraciones del pueblo en los rediles institucionales que matan toda la rebeldía y el protagonismo popular; la independencia de clase es el antídoto contra la institucionalización de los movimientos sociales.

                En cada caso, con sus ritmos e historia, cada pueblo va desarrollando sus luchas y experiencias. Conflictos sindicales con ocupaciones de fábricas y lugares de trabajo como El Salvador, los bloqueos y cortes de calle como en Colombia, plebiscitos contra leyes que potencian el avance represivo y privatizador como Uruguay, puebladas como en Chubut (Argentina) o en Ecuador en 2019 que hacen retroceder leyes y decisiones de gobiernos provinciales o nacionales, movilizaciones campesinas cortando rutas y tomando tierras como en Paraguay, también luchas indígenas defendiendo tierras ancestrales como en Guatemala, grandes movilizaciones por los derechos de las mujeres y las disidencias sexuales como en Chile, el movimiento negro formando nuevos quilombos o territorios colectivos como en Brasil, es decir toda una rica gama de experiencias populares que debemos ser capaces de unir en un Frente de Clases Oprimidas para lograr las transformaciones de fondo y construir una sociedad diferente.

¡¡POR EL SOCIALISMO Y LA LIBERTAD!!

¡¡ARRIBA LOS Y LAS QUE LUCHAN!!

 

COORDINACIÓN ANARQUISTA LATINOAMERICANA

 

Federación Anarquista Uruguaya (FAU)

Coordinación Anarquista Brasilera (CAB)

Federación Anarquista de Rosario (FAR)

 

Organizaciones hermanas:

Federación Anarquista Santiago (FAS)

Grupo Libertario Vía Libre (Colombia)