domingo, 5 de junio de 2022

ANÁLISIS DE COYUNTURA INTERNACIONAL


 

MAYO-JUNIO 2022

Nueva Etapa del Sistema Capitalista

    Podemos decir que el sistema capitalista a escala planetaria ha entrado en una nueva etapa. Estamos en sus inicios, pero una nueva etapa al fin. Nueva etapa que se inicia claramente con la pandemia del COVID y las diferentes medidas impuestas por los Estados para controlar a las poblaciones más que a la enfermedad: los confinamientos masivos y la militarización de la vida social, las medidas represivas para imponer el confinamiento. Los Estados experimentaron con diversas medidas para controlar o conducir a sus poblaciones a su antojo, mientras se imponían medidas draconianas en términos económicos y sociales. Se hablaban de grandes “ayudas” e inversiones estatales, pero estas iban volcadas principalmente a las empresas multinacionales. Fue una reactivación del capital lo que impulsaron los diferentes gobiernos, pero jamás pusieron atención y contención social suficientes debido a las consecuencias de la pandemia y el gran freno económico que ella supuso.

    Sin embargo, esta etapa ya se venía gestando. Ya hace más de diez años, tal vez veinte, que se viene produciendo un giro a la derecha a nivel político, pero también a nivel ideológico, en lo que respecta al pensamiento general de la sociedad y de cómo se percibe el mundo y las soluciones a adoptar. Ello repercute sin duda en el apoyo que reciben regímenes de extrema derecha en Europa, que han llegado al gobierno ganando elecciones. Pero también en el crecimiento de apoyo a posibles soluciones autoritarias en todo el globo. 

    Se suma a ello la guerra en Ucrania, que abre desembozadamente la puja interimperialista entre las potencias por el dominio mundial, una etapa de mayor agresividad y se preparan conflictos y zonas de tensión en distintos puntos del planeta.

    De este modo, en esta nueva etapa se combinan cierto avance autoritario y cierto descaecimiento de las formas liberales de gobierno, junto a una intensificación de paquetes de medidas neoliberales en el marco de la pandemia, justo cuando muchos políticos y economistas auguraban una especie de retorno al “Estado de Bienestar” y a un rol mucho más fuerte del Estado en la economía como propietario e inversor. Lo que ocurre, y esa es la tendencia que se viene dando hace ya unas décadas -por lo menos desde el fin de la “Guerra Fría”-, es que para aplicar un modelo neoliberal puro y duro se necesitan gobiernos y formas de Estado autoritario. Claro, en todo esto no se puede hacer generalizaciones abstractas, hay que analizar cada caso en concreto. Pero sostenemos que estamos ante una nueva etapa del sistema capitalista, ya que sus instituciones refuerzan todos estos mecanismos y circulan toda una serie de discursos ideológicos tendientes a su sostenimiento y reproducción.

Un mundo en disputa entre potencias imperialistas

    En estos momentos estamos ante un incremento de acciones amenazantes entre las diferentes potencias mundiales e incluso, algunas regionales. Varios focos de tensión se están desarrollando en el presente: la invasión rusa a Ucrania y las hostilidades que allí se desencadenan, sumándose Bielorrusia en respaldo de Rusia, pero Ucrania cuenta con respaldo de EEUU y de la OTAN; el Mar de China y el Pacífico y la situación en Oriente Medio con nuevos elementos, por ejemplo, el potencial bélico de Irán. 

    En el caso concreto del conflicto entre Ucrania y Rusia está en juego el reparto de Europa: la OTAN y la Unión Europea (UE) buscando su ampliación y crecimiento hacia las ex repúblicas soviéticas y Rusia buscando recuperar influencia en su espacio ex soviético, reconstruyendo parte del histórico imperio ruso y la ex URSS en un nuevo contexto. Rusia se ve como potencia mundial, aunque tiene varios puntos débiles.  

Es un momento de tensión que recuerda a la “Guerra Fría”, pero en el cual la disputa no es nada menor, ya que Rusia ha apoyado la independencia de las repúblicas de Donetsk y Lugansk en 2014, que eran parte del territorio ucraniano. La disputa es por las fronteras exteriores de Rusia, donde Ucrania juega un papel central, ya que es la articulación entre Rusia y Europa. Rusia pretende mantener a Ucrania bajo su influencia, en cambio los sectores que actualmente dominan en Ucrania son favorables a la Unión Europea (UE) y EEUU. La alianza militar que lidera EEUU y que integra en gran parte la UE -es decir la OTAN- ha venido expandiendo sus fronteras desde finales de la “Guerra Fría”. El capitalismo occidental no solo avanzó en Europa del Este en el terreno económico, político e ideológico, sino también militar. Hoy la OTAN cuenta con bases y misiles apuntando hacia Rusia en toda Europa del Este y, de hecho, varios entrenamientos de sus tropas se han realizado en países fronterizos a Rusia desde hace ya unos años. Técnicamente, Rusia hoy está rodeada por EEUU y la OTAN, pero también mueve sus fichas: la guerra de Donbass para quedarse con el control de las repúblicas de Donetsk y Lugansk, sumado a la anexión de Crimea, han sido las medidas defensivas, de control y bloqueo de puntos estratégicos para la defensa de su territorio que ha tomado.

    Por todo ello, se ha incrementado la inversión en armamento de todo tipo y en el caso de Rusia su exhibición es parte de la política estatal. En estas semanas, también son diarias las noticias de envío de armamento por parte de EEUU y algunos países europeos a Ucrania, pero también circulan noticias contradictorias: hay conversaciones para un alto al fuego, pero las hostilidades continúan abiertamente, la actitud vacilante y cambiante de varios países europeos, especialmente Alemania, entre otros aspectos.

    Otro aspecto de la guerra ha sido el realineamiento con la OTAN de estados históricamente neutrales como Finlandia o Suecia. Ciertamente podíamos considerarlos plenamente integrados en el bloque Occidental, pero es cierto que el detonante de su ingreso en la OTAN ha sido la invasión ucraniana. Por cierto, que su petición de ingresar en el tratado atlántico ha sido bloqueada por el momento, por Turquía, que exige que estos estados dejen de apoyar, ni aún como refugio, el PKK y el movimiento revolucionario kurdo. Podemos ver aquí los equilibrios complejos que conforman la realidad internacional. 

    Las sanciones contra Rusia además de intentar dañar la economía de dicho país tienen un efecto boomerang: recaen sobre Europa. El posible corte de suministro de gas natural ruso a Europa puede traer consecuencias impredecibles en lo económico y en lo social. Ya hemos visto la suba de precios, especialmente de materias primas en los mercados mundiales a partir del inicio de la guerra. Rusia tiene un aliado fundamental: China, al cual puede venderle los productos que no venda a Europa a partir de ahora.

    China, la potencia emergente, ya ha desplazado a EEUU como primera economía del mundo por segundo año consecutivo. Viene desplegando la “Ruta de la Seda”, su red comercial y de inversiones, tanto para sus exportaciones como importaciones de materias primas. En ese marco, la alianza comercial con Rusia es de vital importancia y son varios los contratos comerciales y de inversión multimillonarios entre ambas potencias.

    Así pues, China también ha puesto al Sudeste Asiático bajo su control, mayoritariamente. Ya son varios los países de esa región que salen de la esfera de influencia estadounidense y se colocan bajo protección de China, tanto en lo económico como en el terreno militar. China ha ampliado su espacio económico enormemente y sigue concentrando gran parte de la producción industrial del mundo y continúa siendo el motor del consumo y la economía mundial. Es un gran comprador de materias primas y tiene la capacidad de fijar los precios internacionales de varias de ellas, por eso aún varios países monoproductores mantienen cierto nivel de ingreso de divisas. También es cierto que una crisis económica en China puede ser de consecuencias graves para el mundo.

    EEUU aquí también mueve sus piezas y si bien bajo el gobierno de Donald Trump se retiró de la “Alianza del Pacífico” dejando un amplio espacio que China aprovechó, mantuvo igualmente buenos lazos con potencias emergentes como India y otros países de la región, incluso afianzando una alianza militar con varios países de la región Asia- Pacífico, entre ellos Australia y Nueva Zelanda. Aquí también hay preocupación, ya que se coordinan ejercicios militares conjuntos en aguas del Pacífico, cercanas a las costas chinas.

    A su vez China pretende al menos en sus declaraciones, retomar el control de Taiwán. Por su parte, Corea del Norte viene incrementando los ensayos de misiles, todo lo cual aumenta la tensión en dicha zona.

    El ascenso de los Talibanes en Afganistán también ha tenido incidencias en esta disputa interimperialista. EEUU se retira -o al menos se retira de su control político sobre el país, ya que deja algunas tropas- y China asume el respaldo al régimen talibán, garantizando un punto estratégico de la Ruta de la Seda. China aquí también gana espacio y aumenta su incidencia.

    Para los que creen que Rusia y China son los “buenos” en esta disputa, el caso de Afganistán es un buen ejemplo. El régimen chino liderado por el Partido Comunista Chino apoya a un régimen de extrema derecha como los Talibanes, sin mayores miramientos. Y no es meramente una cuestión de conveniencia para China: este país lejos está de ser un país “socialista” o en “tránsito al socialismo” -sea éste cual sea-. Es un país capitalista de primer orden, potencia imperialista y con ninguna consideración política de izquierda. Lógicamente no es igual que EEUU, sus aspiraciones, sus métodos y su historia son otros, pero el largo proceso de lucha del pueblo chino que llevó al triunfo de Revolución ya es un oscuro recuerdo del pasado. Vaya si ha sido certera la crítica del Anarquismo de que el Estado es productor y reproductor de las clases sociales y de las desigualdades y que por esa vía no hay revolución alguna que vaya al socialismo. Tiene plena vigencia la crítica y propuesta desarrollada por nuestra corriente hace más ya de 170 años. 

    Pero en la región de Asia central no todo está bajo control. Las protestas en Kazajistán ante el alza del precio de los combustibles que llevaron a una verdadera revuelta popular, debieron ser aplacadas con la participación de la alianza militar rusa en Asia Central, Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC). Aquí también Rusia señaló la injerencia extranjera con supuestos grupos armados entrenados y preparados, pero no aportó pruebas ni datos concretos. La única intervención imperialista fue la de Rusia de hecho. 

    Por el lado de EEUU vemos cierta pérdida de incidencia y espacio en algunas zonas como en Asia central -con la pérdida de Afganistán- y todo el avance de China ya mencionado en esa región y en el Pacífico, lo mismo que su retirada de Irak -la cual aún no se ha concretado totalmente-, hablan a las claras de que EEUU pierde influencia en zonas del mundo vitales para su proyecto imperial. Oriente Medio ya no está totalmente bajo control de EEUU: Irán tiene gran incidencia sobe Irak (por ello el asesinato de Solemani hace dos años realizado por EEUU sin tapujos), Turquía ha invadido territorio de Irak y Siria (principalmente la zona de desarrollo del proyecto del pueblo kurdo, especialmente en Rojava) e Israel que continúa agrediendo al pueblo palestino, pero también a Siria y al Líbano. 

    También el conflicto en Yemen tiene consecuencias en estos cambios en la región, ya que el gobierno surgido de la revuelta de 2015 y el movimiento popular que lo respalda están en guerra contra Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, aunque ello, no sea portada de los grandes medios de prensa. Todo parece indicar que en Oriente Medio las potencias regionales van a tener mayor protagonismo, lo mismo que Rusia. Israel ya no es solo un peón de EEUU; tiene su respaldo, pero juega su propia política. 

    Todas estas situaciones bélicas llevan a inmensas crisis de refugiados, tanto en Oriente Medio como en Europa, verdaderas catástrofes humanitarias. La población padece la guerra y su destrucción, y en el caso de Yemen ha aumentado el hambre y la desnutrición infantil. Crece el drama de los desplazados y “las poblaciones sobrantes” que el sistema genera constantemente.

    Podemos estar viendo en los próximos años un realineamiento de varios países de Oriente Medio tras la potencia económica de China, hecho que cambiaría decisivamente el predominio político mundial. Lo mismo puede estar ocurriendo en otras zonas del planeta.

Una de estas zonas es África, donde China ha estado operando de forma silenciosa durante años hasta que la administración Trump decidió contraatacar. Sin embargo, los avances en favor de la posición de China han sido tales que casi todo el continente africano se decanta ya por el gigante asiático. Y detrás de China han entrado otros grandes actores como Rusia, India o Turquía. De hecho, Rusia a través de su industria armamentística se ha atrevido incluso a desplazar a Francia en algunos estados mediante poco disimulados golpes de estado (Chad, Malí, Burkina Fasso). De esta manera también podemos observar lo poco que preocupaba irritar a Europa en Moscú.

    El hecho de que EEUU pierda peso en varias regiones del mundo, lleva a que vuelva su mirada hacia América Latina, su “patio trasero”, como siempre ha considerado a esta parte del mundo. Es su zona de influencia básica y sobre la cual ha cimentado su predominio mundial post Segunda Guerra Mundial.

    China, además de las materias primas que compra en América Latina, ha invertido aquí miles de millones de dólares en proyectos de infraestructura. Muchos de ellos, ante los cambios políticos en el continente han quedado parcialmente paralizados, otros se reactivan luego de la pandemia y la reafirmación de ciertos regímenes. Ha firmado recientemente una serie de acuerdos multimillonarios por los cuales Argentina queda incluida en la “Ruta de la Seda” y se convierte en pieza clave de la expansión económica china y por su parte, Argentina buscaba de este modo equilibrar la balanza debido al predominio norteamericano sobre su política. Sin embargo, el realineamiento argentino detrás de EEUU y el voto contra Rusia en la ONU hablan a las claras de las presiones norteamericanas a través de distintos mecanismos, incluidos el Fondo Monetario Internacional.

    En este sentido, Venezuela, Cuba y Nicaragua son los países que se mantienen fuera del control directo de EEUU, aunque sufriendo un fuerte bloqueo económico y presiones internacionales variadas. Para estos países la alianza estratégica con China, Rusia e Irán es vital. La nota novedosa es que EEUU vuelva a mantener relaciones diplomáticas y comerciales con Venezuela, ya que necesita petróleo.

    Pero EEUU mantiene su fuerte injerencia en América Latina. Cuenta con una gran cantidad de gobiernos adictos y otros que intentan mostrarse independientes, pero firman con el Fondo Monetario internacional, como ha ocurrido con Argentina, cuyo gobierno intenta decir que el pago de los intereses de la deuda al FMI será “sin ajuste”. En aquellos países donde han triunfado gobiernos “progresistas”, EEUU apoya estrategias de desestabilización como en Perú o en Honduras. Claro, la derecha latinoamericana hace su propio juego y tiene nuevos bríos luego de un “ciclo progresista” de 15 años. 

    Lo fundamental es que en América Latina no hubo modificaciones estructurales en todo este período, solo algunas modificaciones muy parciales que no ponían en riesgo el poder de las clases dominantes ni del imperio norteamericano. Pero igualmente tanto EEUU, como la derecha y las clases dirigentes latinoamericanas no quieren perder el control de los gobiernos, ya que por esa vía garantizan ciertas políticas e intereses en forma directa. El “progresismo” por más que sea buen administrador, no viene del corazón de la burguesía y oligarquía latinoamericana. Y en el contexto actual la derecha latinoamericana ataca fuertemente varios postulados “progresistas” y creen ver allí cierta reedición del “fantasma comunista” de la Guerra Fría, por más que ello esté muy lejos de la realidad.  Agitan ese “fantasma” porque le da réditos políticos y encuentran campo fértil para ello en la lucha ideológica. 

Ciertamente todo esto está ocurriendo porque existe una fuerte crisis en el centro: Estados Unidos. El asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021 fue todo un acontecimiento que dio la vuelta al mundo y puso de manifiesto que la sociedad estadounidense está seriamente dividida. Pero hay que poner de manifiesto que el origen real de todo este descontento se debe a las consecuencias del neoliberalismo en las vidas de las personas corrientes. Eso las convierte en blancos de la intensa propaganda mediática de los medios reaccionarios que tienen todo el apoyo posible de los políticos. 

El cambio climático   

    Sin lugar a dudas el “cambio climático” y sus efectos son tema de vital relevancia en el presente y en el futuro próximo. Los pronósticos son alarmantes y está en riesgo la vida sobre el planeta, incluyendo la vida humana. El sistema capitalista produce daños sobre la naturaleza sin importarle la misma, solo interesan para las grandes multinacionales la maximización de sus ganancias, sin importar el saqueo de los recursos y riquezas de zonas enteras del planeta, lo mismo que la vida. Los incendios producidos en zonas de bosques o selvas, como ha ocurrido en el Amazonas y en su entorno, son claros ejemplos de depredación para cultivar materias primas requeridas por los mercados internacionales. Y si bien, el cambio climático afecta a todo el planeta, sus efectos tienen una incidencia totalmente desigual. En este sentido, gran parte del continente africano es afectado por el calentamiento climático, a pesar que solo es responsable del 3% de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial; profundizando aún más la situación de pobreza y vulnerabilidad de sus pueblos.

    Estamos llegando a una situación límite: el calentamiento global producido por un sistema de producción extractivista y saqueador de recursos y comunidades, está generando fenómenos climáticos demasiado adversos y con una frecuencia inusitada, tales como incendios, inundaciones, cambios en las temperaturas y características de las estaciones; todos fenómenos que afectan a la vida y a su reproducción. Acabar con el capitalismo es una necesidad y también una urgencia para proteger la vida. “Capitalismo o vida”, o podríamos decir en una formulación un poco más clásica y general “Socialismo o muerte”, son diríamos las alternativas que tenemos hoy por delante.

    El capitalismo no va a cambiar sus parámetros de producción y destrucción. Las políticas “verdes” que se lanzan desde EEUU y la UE no son más que inversiones multimillonarias para beneficiar a grandes capitales, incluso podemos decir que son inversiones con destinatarios ya designados. Inversiones y cambios en el uso de energías y transportes que no resuelve el problema de fondo, ya que puede disminuir el consumo de combustibles fósiles, pero se utilizan otros recursos que también generan contaminación a gran escala, saqueo y sometimiento sobre poblaciones enteras, profundizando el esquema de dependencia económica y política. El capitalismo es muerte y destrucción, este sistema ecocida no puede traernos la solución al problema ecológico y de la vida en el planeta, porque su esencia es la rapiña y el saqueo. Se basa en la muerte y en el hambre de millones para que unos pocos vivan en el lujo. Esos mismos multimillonarios no van a salvar el planeta, sino que van a aprovechar esta oportunidad para sus negocios.   

    Por lo tanto, en esta etapa las luchas en defensa de la ecología y el medio ambiente son de primer orden y las propuestas que como anarquistas organizados podamos proponer y desarrollar son relevantes para esta lucha, pero también para ir construyendo en los hechos la sociedad que prefiguramos, que anhelamos. 

    Podemos utilizar diferentes denominaciones para esa sociedad futura, pero lo cierto es que en ese proyecto de sociedad que el Anarquismo ha formulado ya hace casi 200 años, está incluida la vida en armonía con la naturaleza y el cuidado del planeta, ya que de ello depende la vida humana, y la producción y distribución de bienes debe tomar en cuenta este elemento como de principal orden. Un mundo solidario, justo, con verdadera participación de la gente y desarrollo de la autogestión, es también, un mundo ecológico.

Efectos sociales de esta nueva etapa

    Además de los efectos que produce el cambio climático, esta nueva etapa del sistema capitalista que se está iniciando tiene efectos sobre las poblaciones. Las políticas de control y vigilancia acentuadas y practicadas por la pandemia que intentan controlar y dirigir poblaciones a gran escala, de alguna manera, son parte de los intentos de las clases dominantes y de los Estados para aumentar la dominación política e ideológica sobre las clases populares, pero también para evitar estallidos sociales o frenar el descontento de los oprimidos. 

    Todo ello viene de la mano de gobiernos de extrema derecha, o con su participación y en el marco de una abierta lucha interimperialista. Mayor control social, incremento de la represión, tecnificación de las políticas neoliberales y de saqueo de poblaciones y territorios, son las características de esta etapa que imponen las clases dominantes.

    Pero justamente, ese incremento desmedido del control y de la represión es a raíz de que estas políticas y este giro, este ajuste económico, político e ideológico que el sistema realiza, es debido a que prevén resistencia. Estas políticas de hambre, saqueo y muerte generan luchas y resistencia en el abajo, entre las clases oprimidas.

En este aspecto queremos destacar que las debilidades estructurales del sistema ya han salido a relucir. Esto es, la fuerte dependencia del capitalismo de recursos que se están acabando (o que no pueden producirse al ritmo que necesita el mercado). Ello produce periódicos desabastecimientos, cuellos de botella o crisis de suministros que golpean las economías más débiles haciéndolas inviables. Cada bancarrota de un país (somos testigos de la de Sri Lanka en estos días, o la de Sudán hace unos años) supone un gran desastre humano. 

    Ante el aumento del hambre o de la “inseguridad alimentaria” como ahora le llaman, el aumento del desempleo y la precarización laboral y de la vida, ante el creciente aumento de las “villas miserias”, favelas y barrios de las periferias urbanas, donde la población sobrevive, ante el desplazamiento de campesinos de la tierra, ante esos despojos, la gente dice ¡basta! Surgen por todas partes diversas luchas, algunas puntuales y en otros casos revueltas populares abiertas como las de Chile, Colombia, Kazajistán o en otros lugares del mundo, que movilizan a miles o a millones de personas hartas de esta forma de vida plagada de carencias.

    El modelo neoliberal, que ahora intentan llevar a un extremo las clases dominantes -aunque hace ya décadas varios organismos internacionales señalan que debe repartirse algo de esas ganancias para evitar estas revueltas-, solo genera pueblo en la calle y en las rutas. Es de esperar una mayor cantidad de revueltas y movilizaciones masivas a lo largo y ancho del planeta debido a este descontento e incremento de la opresión. Este ajuste feroz va a tener seguramente, respuesta popular. 

    Y allí se juega lo fundamental, y desde hoy: organizar al pueblo. Organizar ese descontento y la resistencia, generar las condiciones para que la lucha de los pueblos avance y se obtengan conquistas y se vaya avanzando sobre cambios de fondo. Es fundamental aumentar los niveles de participación en las organizaciones populares: sindicatos, organizaciones barriales, centros estudiantiles, organizaciones campesinas, indígenas o de grupos étnicos oprimidos, grupos ecologistas, organizaciones feministas, Lgtb, y todo el amplio abanico de organizaciones y sectores sociales que pueden conformar un Frente de Clases Oprimidas que luche contra el sistema. 

    En ese sentido, es fundamental nuestra presencia y participación como anarquistas organizados. Cabe a nuestras organizaciones políticas empujar e impulsar esos procesos organizativos y de lucha. Por ello es vital la Organización Política Anarquista, para brindar una perspectiva de lucha. Entendemos que la Organización Política no sustituye ni dirige la lucha ni a las organizaciones populares, no somos vanguardia, somos un motor que impulsa y brinda elementos para que las organizaciones populares puedan asumir en sus manos el destino de la sociedad. 

    Por eso en estos momentos también es fundamental fortalecer el Anarquismo Organizado. Incrementar los niveles organizativos y de incidencia social, irse preparando para los tiempos que se vienen, que sin lugar a dudas van a ser duros, pero también creadores de nuevas posibilidades para el avance de los pueblos. 

    Porque no hay soluciones por arriba, las clases dominantes solo proponen más muerte e incrementar sus millonarias fortunas, porque al capitalismo no se lo derrota en las urnas sino de forma revolucionaria, porque creemos en la solidaridad y en la autogestión, confiamos en los pueblos y en sus capacidades constructivas, son tiempos de pelea y pueblos en la calle.

ANTE ESTE SISTEMA DE MUERTE, ¡¡LUCHA POPULAR ORGANIZADA!!

¡¡NO ESTA MUERTO QUIEN PELEA!!

A FORJAR EL PROTAGONISMO POPULAR

¡¡ARRIBA LOS Y LAS QUE LUCHAN!!


domingo, 29 de mayo de 2022

A 53 años del Cordobazo



A 53 años del Cordobazo, reivindicamos la gran rebelión que ante un contexto de represión y ajuste durante la dictadura de Onganía, tomó las calles con organización y acción directa.  El 29 de mayo de 1969 decantó el proceso organizativo y de lucha que los sindicatos clasistas y combativos, en conjunto con el estudiantado venían dando contra la dictadura de Onganía. La enorme movilización que se dio en la ciudad de Córdoba, con gran nivel de radicalidad y combatividad contra el aparato represivo logró derribar la dictadura, abriendo un período de avanzada de las clases oprimidas, de participación política, recuperación de sindicatos en manos de la burocracia, conformación de comisiones obreras y organizaciones revolucionarias.  Al día de hoy reivindicamos el camino del Cordobazo, ante los constantes ataques a las condiciones de vida de los/as de abajo, aún más en un contexto de peor situación económica y social para nuestro pueblo que en ese momento. El gobierno de Fernandez en cogobierno con el FMI y los gobiernos provinciales vienen descargando un brutal ajuste contra nuestras condiciones de vida para sostener las ganancias de sectores patronales y financieros, ante la pasividad de algunas conducciones sindicales. La creciente inflación, el ajuste en áreas públicas, tarifazos y las políticas represivas de los gobiernos, vienen sometiendo a los sectores populares a una situación de precarización, pobreza y miseria desesperante. Frente a esta situación vemos la urgencia y necesidad de retomar el camino de lucha y confrontación de nuestra clase contra los de arriba que marcan el Cordobazo y todas las movilizaciones obreras a lo largo de todo el país como el Rosariazo, el Tucumanazo, el Choconazo. No hay otra salida ante los ataques de los de arriba que la organización y la lucha desde la independencia de nuestra clase, recuperando nuestras organizaciones gremiales desde abajo, por fuera de la trampa institucionalista de los de arriba. ¡Por los Cordobazos que nos faltan, organización y acción directa! Organización 

Anarquista de Córdoba Federación 

Anarquista de Rosario Organización 

Anarquista de Santa Cruz 

Organización Anarquista Tucumán

domingo, 8 de mayo de 2022

Frente a la avanzada ajustadora y represiva de los de arriba, resistencia y organización popular

(Posición FAR- mayo 2022)


Como venimos advirtiendo, la situación social a nivel nacional es alarmante. Cotidianamente cientos de miles somos azotadxs por el hambre, por la miseria y por una profunda pobreza que ronda entre el 37% (según índices del Gobierno) y el 44% (según el observatorio de la UCA). Nuestras condiciones de vida ya deplorables sufren un deterioro constante a causa de la avanzada de los de arriba, cada día somos más precarizadxs, al tiempo que padecemos altos niveles de desocupación y un fuerte aumento de la informalidad en el ámbito laboral. De esto se desprende además que haya un 44,7% de la población dependiendo de planes sociales para poder -con suerte- sobrevivir.


El escenario a futuro se presenta más desalentador aún a partir de lo que viene sucediendo. Las consecuencias del acuerdo con el FMI se hacen cada vez más evidentes, y como siempre las pagamos lxs de abajo. Prueba de esto son los aumentos que venimos sufriendo en las tarifas de los servicios, para las cuales se proyectan subas de más de un 20% en el caso de la telefonía, internet, gas y electricidad, entre otras.


Otro ejemplo concreto es el BCRA dando pié a las cámaras bancarias y los grandes comercios para aplicar más subas en las tasas de interés, promoviendo una mayor especulación financiera y afectando por sobretodas las cosas el acceso de la población a la canasta básica y otros bienes. En este punto debemos considerar las mediciones de la Junta Interna ATE Indec, donde la Canasta Básica para una familia tipo rondaba en unos $145.000 el mes de marzo, un monto totalmente alejado de los salarios reales que percibimos la gran mayoría de la clase trabajadora. 


Sin olvidar la escalada del dólar -pedido explícito del FMI al gobierno-, que lejos está de aliviar el bolsillo de la población y de desacelerar la inflación, ésta empujada además por el aumento de precios de los productos primarios a nivel mundial. Las últimas mediciones de la inflación dieron un 4,7% en marzo y un 50,9% interanual, lo cual no es otra cosa que miles de familias teniendo que hacer malabares para poder comer y acceder a los productos de primera necesidad.


De este contexto y de la fragilidad del Frente que gobierna se aprovecharon los sectores dominantes vinculados al campo, quienes -cual depredador que huele sangre y ataca- movilizaron a Plaza de Mayo con el “noble” objetivo de garantizarse maximizar sus ganancias en las exportaciones. Debemos tener en cuenta que estos sectores, entre los que se encuentran los grandes y medianos productores rurales y terratenientes, probablemente hayan sido los mayores beneficiados en los últimos 20 años por las políticas agrarias de los gobiernos de turno.


Todo esto mientras la clase política -de quien nada esperamos- se debate en disputas internas que nada tienen que ver con las necesidades populares. Y que como sabemos, no suelen ser más que retórica para quedar bien parado de cara a las próximas elecciones. Por un lado, el Frente de Todos ensancha cada vez más su fractura, expresada a nivel mediático, con declaraciones bizarras e incluso con sectores políticos queriendo desligarse del estrepitoso fracaso del Gobierno que culminó con la sujeción ante el FMI. Por otro lado, se profundiza la disputa interna entre sectores de la oposición ultraliberal, reaccionaria y conservadora (Pro-UCR-Milei), abstraídos por las candidaturas de 2023. Estas son las verdaderas preocupaciones de la clase política, en un momento donde las condiciones de vida son similares a las del 2001.

En lo que sí hay pleno consenso entre la clase dominante, es que ante el aumento de la conflictividad social la represión estará a la orden del día. Es así que se viene desplegando una fuerte avanzada represiva por parte del Estado nacional y los gobiernos provinciales para contener la lucha de lxs de abajo, tal es el caso de la represión a trabajadores del INCAA en CABA, la represión y persecución a militantes sociales en Jujuy, Chaco y Santiago del Estero, la detención de referentes de Camioneros en Buenos Aires, y la reciente represión al pueblo de Choya que resiste a las políticas extractivas. Como así también el avance de la causa que criminaliza a estudiantes y docentes de Cordoba y Rio negro por luchar en defensa de la educación pública.


Sin embargo, esta avanzada ajustadora y represiva de los de arriba encuentra resistencia y tiene una respuesta popular, que se da quizás de manera fragmentada, quizás en cuotas, pero que avanza con medidas concretas. Ejemplo de esto son las organizaciones sociales impulsando acampes y movilizaciones para poner agenda la situación de hambre y carestía en nuestros barrios populares. También los numerosos gremios llevando adelante distintas medidas de fuerza en todo el país, principalmente en defensa del salario frente a la inflación, de los puestos de trabajo y por mejores condiciones laborales. Uno de los ejemplos fue el paro nacional de choferes (UTA) por equiparación salarial, con intentos de judicialización en Corrientes, Córdoba y Santa Fe luego del no acatamiento de la conciliación obligatoria. O el paro de marítimos y portuarios (FEMPINRA) en todas las terminales del país, en defensa de la fuente de trabajo. Otra demostración de fuerza sindical tiene que ver con los paros de lxs trabajadores bancarios (La Bancaria) por la recomposición salarial. De igual manera que lo est{an haciendo lxs maestrxs rionegrinxs (UNTER) a pesar de los enormes descuentos que vienen sufriendo. También los Metrodelegados en CABA que vienen llevando a cabo medidas de fuerza por mejores condiciones de trabajo en los Subtes.


Estas son expresiones claras y concretas que marcan un límite a la avanzada de los de arriba y que ponen en agenda las necesidades de lxs de abajo. Como venimos insistiendo, las luchas que vayamos dando nos deben permitir no sólo enfrentar las consecuencias directas del acuerdo con el FMI, sino también “marcarle la cancha” al sector político que vaya a suceder al Frente de Todos, entendiendo que cualquier opción política que asuma en 2023 traerá más ajuste, pobreza y precariedad si los sindicatos, los centros de estudiantes y demás organizaciones populares no nos encontramos en la calle resistiendo en unidad, con independencia de clase y lejos de cualquier distracción electoral. 


En ese puesto de lucha debe encontrarse la militancia anarquista hoy, impulsando, apoyando y fortaleciendo las organizaciones populares. Construyendo un pueblo fuerte para frenar la avanzada sistemática de los de arriba, construyendo un pueblo organizado que luche solidariamente por las reivindicaciones de nuestra clase.


domingo, 1 de mayo de 2022

El 1º de Mayo en la historia Argentina: de la unidad a la fragmentación; de la lucha a la cooptación.


El  1º de Mayo en la historia de nuestro país ha sido una fecha de luchas emblemáticas, de conquistas, de resistencias antidictatoriales, pero también de cruentas represiones, de disputas entre las conducciones obreras e incluso de intentos de resignificaciones absurdas o desligadas de los intereses de las y los trabajadores.  Así analizando esta fecha a lo largo de los años se ve reflejada la propia historia del movimiento obrero, yendo desde jornadas de masividad y combatividad, manifestaciones unificadas con la presencia de todos los sectores gremiales, hasta actos institucionalistas y/o electoralistas. También fecha de actos totalmente fragmentados e ignotos, o de actividad prácticamente nula.
Con la mira siempre puesta en recuperar esta fecha, no solo en lo simbólico sino como acción de demostración de fuerza y unidad del movimiento obrero frente a los sectores dominantes y en rechazo a este sistema despiadado e inhumano, pretendemos desde Agitación hacer un resumen de algunas gestas de mayor relevancia combativa en la historia de nuestro país -señalando el legado de las mismas- en contraste con los periodos de mayor pasividad del sindicalismo argentino.
Remontándonos a los orígenes, a partir de los hechos de Chicago, habían pasado solo tres años, cuando el Congreso Internacional Obrero y Socialista, y distintas organizaciones sindicales en todo el mundo, proclaman la fecha como Día del Trabajador, a la memoria de aquellos que murieron luchando por la jornada de las ocho horas. Así, en 1890 en distintas partes del mundo, sectores obreros provenientes del anarquismo y del socialismo se pondrán al hombro la organización de  actos y movilizaciones. Se destaca aquí el impulso que tuvo esta proclama en nuestro país, con actos imponentes en las localidades de Bahía Blanca, Chivilcoy, Ciudad de Buenos Aires y Rosario, uno de los más concurridos del país –con más de 1000 asistentes-.
Para ese entonces, los sectores dominantes representados por la doctrina roquista y el régimen oligárquico, ya habían comenzado a tomar nota del peligro que suponía la organización obrera y la solidaridad. Además de la persecución y represión, y la antesala a la Ley de Residencia, se había iniciado una campaña de estigmatización de los sectores obreros inmigrantes. Luego de 1891 los actos contarán cada vez con mayor presencia, destacándose la participación de sectores organizados en sindicatos entre ellos el de ladrilleros, textiles, químicos, comercio, estibadores y los panaderos.
A partir de la explosión de la conflictividad obrera durante los últimos años del siglo XIX y primeros del XX, expresada en las impactantes huelgas nacionales de los ferroviarios y portuarios, el Estado nacional comenzó a ensañarse particularmente con la conmemoración del 1º de Mayo. Los hechos más conocidos serán las represiones de 1904 o la Semana Roja de 1909. Para 1910, los sectores dominantes preocupados por el clima de ebullición social cercano al centenario de la Revolución de Mayo, sacarán a la calle a la Liga Patriótica que violentará a manifestantes e irrumpirá en locales sindicales con el amparo de la policía.
Durante casi dos décadas, los siguientes actos y movilizaciones por el 1º de mayo, funcionaron como caja de resonancia de la solidaridad obrera, en un contexto con cientos de presos políticos (Ushuaia, Eusebio Magnasco, los Presos de Bragado) y represiones sangrientas (Talleres Vasena, la Patagonia Rebelde, la Forestal, Jacinto Arauz), éstas últimas en su mayoría protagonizadas por un Gobierno Radical.
Pero a partir del Golpe del 30´, punto culmine de la escalada represiva, y tras la irrupción de una nueva central obrera como la CGT (que aglutinaría a la mayoría de las fuerzas sindicales) los actos del 1º de Mayo se convirtieron, lamentablemente, en escenarios de exposición y disputa de los proyectos frentistas electorales del PC y el PS, en momentos donde más se precisaba reforzar criterios de unidad e independencia de clase en el seno del movimiento obrero, que se jugaba la parada en hitos de resistencia como la huelga de madereros en 1934 o de la construcción en 1936.
A principios de la década del 40´, conmovidas por el desenlace de la Guerra Civil Española y el inicio de la Segunda Guerra Mundial, las organizaciones sindicales centraron los actos de 1º de Mayo en el repudio al avance del nazismo. En Argentina para ese entonces, había entrado en escena el Peronismo, con respaldo de numerosas organizaciones sindicales y sectores populares. Con escasa incidencia del anarquismo en el movimiento obrero, y los sectores socialistas y comunistas enrolados como furgón de cola de un frente electoral antiperonista, el acto central de estas fechas virará a una gran manifestación oficial -encabezada por Perón y la cúpula de la CGT- expresando una estrategia basada en la conciliación de clases y la lastimosa subordinación del sindicalismo a un interés nacional.
Tras sucesivos golpes e interinatos, no será hasta la dictadura de Onganía que se prohibirá definitivamente la conmemoración del 1º de Mayo, por primera vez en la historia de nuestro país, otorgándole la fecha a la iglesia católica para los festejos de San José Obrero. Pero para el 1º de Mayo de 1968, sectores combativos del movimiento obrero, enfrentados al colaboracionismo sindical con la dictadura, saldrán públicamente con la proclama de la CGT de los Argentinos llamando a “oponerse a la dictadura” y a impulsar una “reforma agraria”. Además el documento insistía en que “el obrero no quiere la solución por arriba, porque hace doce años que la sufre y no sirve…”. Por último llama a “combatir con más fuerza que nunca por la libertad [sabiendo que] solo el pueblo salvará al pueblo”. Esa proclama obrera, será un puntal trascendental para el ocaso a la dictadura de Onganía.
Con el retorno de Perón al gobierno en el 74´, vuelve el acto oficial con el líder en la plaza, pero esta vez se convertirá en ámbito de disputa interna del propio peronismo, expresada en la retirada simbólica de la Plaza de Mayo de grupos combativos enfrentados al propio Perón, luego de un encendido discurso que da luz verde a la represión estatal hacia los sectores en lucha del movimiento obrero y las organizaciones populares.
Con el advenimiento del Golpe del 76 y el plan de exterminio, la acción sindical y los actos resultaban prácticamente imposibles. Sin embargo, gremios como el de Empleados de Comercio, se arriesgaban conmemorando la fecha en la clandestinidad, al tiempo que la Comisión Nacional de Trabajo se constituía como la herramienta colaboracionista con el régimen militar. El primer hito de resistencia sindical a la dictadura llegará en vísperas al 1º de Mayo, con la huelga general del 27 de abril de 1979. Organizada en la clandestinidad por la detención de varios dirigentes gremiales, la huelga instalará las consignas de aumento salarial, mejores condiciones de trabajo, libertad de los presos políticos y recuperación de las garantías constitucionales.
A partir de la vuelta a la democracia, el 1º de Mayo de 1985 coincidirá con un Acto en el medio de la toma de la multinacional Ford por parte de sectores combativos de la SMATA y otros gremios. El contexto ya estaba marcado por las políticas de ajuste y hambre de Alfonsín, que se profundizarían en los años siguientes, y que provocarían como respuesta  cientos paros sectoriales y 13 huelgas generales.
Durante el Menemismo, caló hondo la fragmentación que ya venía al interior de las organizaciones y articulaciones sindicales. Así es como durante esta década, marcada por la avanzada descomunal de las políticas neoliberales,  distintos actores reavivaron el fuego de la lucha y la resistencia activa, utilizando el 1º de Mayo como estrado para denunciar las privatizaciones, los despidos y las políticas de empobrecimiento. Desde los actos de la nueva CTA hasta la Carpa Blanca docente de la CTERA, pasando por la histórica toma de Aurora Grundig en Tierra del Fuego, las resistencias de los trabajadores de YPF en el norte y la Patagonia, hasta la irrupción de los Movimientos de Desocupados, nuevos actores en resistencia al desguace neoliberal. Durante 2001 los actos del 1º de Mayo en todo el país, desde distintas convocatorias, denunciaban –y preanunciaban- una situación social que no daba para más.
A partir de aquí, con la irrupción del kirchnerismo, las organizaciones sindicales y sociales profundizaron su fragmentación, expresadas en los diferentes actos y actividades programados para esa fecha puntual, sin demasiadas demostraciones masivas. Solo el garrotazo neoliberal macrista generó quizás un intento de apuesta a la unidad allá por 2016 con un acto unificado entre las 3 facciones de la CGT, las 2 CTA, movimientos sociales y algunos sectores sindicales de la izquierda trotskista. Las consignas principales que unificaron la convocatoria tenían que ver con el rechazo al ajuste económico, los despidos y la inflación. Desde ese entonces hasta la fecha no han sido tan contundentes ni unificados los actos o manifestaciones por el 1º de Mayo.
Habiendo hecho este repaso por la historia del 1º de Mayo en Argentina, la premisa del anarquismo organizado, será la de recuperar esta fecha, como acción de demostración de fuerza y unidad del movimiento obrero frente a los sectores dominantes, sorteando la cooptación de los gobiernos y partidos que, con el paso de las décadas han logrado dividir e inmovilizar lesionando esta consigna nacida en las entrañas de la clase trabajadora.

sábado, 26 de marzo de 2022

ANÁLISIS DE COYUNTURA LATINOAMERICANA COORDINACIÓN ANARQUISTA LATINOAMERICANA (CALA)

(Marzo 2022)


En los últimos meses la situación política latinoamericana pareciera lograr cierta estabilidad, especialmente con la salida institucional a la revuelta en Chile luego de las elecciones. Sin embargo, en realidad, se abre otro capítulo en esta coyuntura, donde aún muchas cosas están en disputa y lejos se está de una “estabilización” política y económica en el continente.

                La situación de la invasión militar rusa de Ucrania y todas las derivaciones y desarrollo que pueda tener van a impactar en nuestra región de un modo u otro. Ya en lo inmediato, los precios de las materias primas se han disparado en el mercado mundial, lo cual puede generar mayores ingresos en nuestras economías nacionales, pero no necesariamente mejorar su distribución, sino que se enriquezcan más las burguesías latinoamericanas, aumentando al final aún más nuestra dependencia económica.

Como ya sabemos Latinoamérica comparte características estructurales, no solo culturales, sino también políticas y económicas, especialmente en cuanto a su relación con los grandes proyectos imperialistas. Sin embargo, las coyunturas políticas van siendo disímiles entre los países en las últimas décadas; a pesar de poder identificar ciertas oleadas de corrientes políticas que van configurando la realidad de la región.

                En este sentido, los llamados gobiernos identificados con el socialismo del siglo XXI habían configurado una disputa política entre cierto progresismo gubernamental y aquellos gobiernos más reaccionarios en materia política y económica. Los primeros arribaron al poder desde 1999 después de grandes luchas populares, fueron arrancando algunas conquistas sociales, pero a través de un proceso de institucionalización y burocratización perdieron su impulso, y a partir de ello también, como efecto dominó, se presentó la crisis y el agotamiento de dichos proyectos gubernamentales, que mostraron sus límites en cuanto a intención y capacidad de materializar el cambio.

                En este marco, en los últimos años la derecha continental se ha ido adaptando, modificando y fortaleciendo en ciertos países como Brasil. Sin embargo, por debajo de estas disputas partidarias, la verdadera y concreta constante ha sido el ajuste económico y la represión que han ido en aumento en la última década y una resistencia popular, a veces más o menos articulada y organizada.

                En 2019 se iniciaba un ciclo de protestas populares enormes en todo el continente que comprendió países como Puerto Rico, Haití, Colombia, Ecuador, Chile y Bolivia, donde los pueblos ganaban las calles con gran masividad e importantes niveles de acción directa. La represión fue inmensa y terrible en todos los lugares, con gran cantidad de casos de personas asesinadas, mutiladas, encarceladas y lesionadas por las fuerzas del orden burgués.

                En este gran ciclo de protestas, los pueblos decían basta de esa manera, a décadas de latrocinio, despojo, represión constante y políticas neoliberales, como los mostraban los casos de Puerto Rico, Chile y Colombia. Desde arriba, las clases dominantes y sus actores políticos se apresuraron a contener dicha marea como en Chile, donde aparecieron las “soluciones” y los pactos firmados entre todos los partidos del sistema y la votación de leyes que reprimían la protesta y cierto tipo de acciones, también con aval de todo el espectro político electoral. También en Chile, aparece como principal apuesta la convocatoria a una Convención Constituyente, como modo de canalizar institucionalmente el descontento popular y sacar cierta presión de las calles, lo que daba cuenta la magnitud de las protestas y empujaba a que la “clase política” tomara algunas medidas en consecuencia.

Colombia que también venia de importantes movilizaciones en 2019, fue protagonista de un gran estallido social desde finales de abril de 2021, con grandes movilizaciones y diversos llamados a paros nacionales, convocando sectores sindicales, estudiantiles, barriales y sociales a resistir el programa de ajuste económico sistemático del gobierno Iván Duque. Las protestas fueron fuertemente reprimidas, pero esto lejos de aplacar el conflicto lo agudizó aún más demostrando la fuerza de los y las de abajo. Así se logró poner freno parcialmente a la avanzada del gobierno.

                Las movilizaciones sociales de 2021 en Colombia y también en Cuba, Haití, Guatemala, Ecuador, Costa Rica y Belice tuvieron una gran importancia. Por supuesto, en estos años el proceso de lucha ha sufrido reflujos y enfriamientos, así como un encauzamiento institucional; sin embargo, el clima de agitación y el trabajo de base previo de algunos sectores, ha impulsado grandes movilizaciones a lo largo del 2021 y ha generado avances como lo muestra el movimiento feminista con la reciente despenalización del aborto en Colombia.

                Hoy con la pandemia del Covid y las restricciones mediante, la estrategia de mantener todos los conflictos dentro del cauce institucional burgués ha dado ciertos frutos. En Chile la Convención Constituyente viene discutiendo a paso lento y con escasos avances aún, y ha triunfado electoralmente Gabriel Boric, liderando una “alianza de votos” en la segunda vuelta de espectro progresista y con apoyos de principales figuras de la antigua Concertación como los expresidentes Michelle Bachelet y Ricardo Lagos, los mismos que fueron garantes de mantener el pinochetismo en democracia y reprimir protestas populares. Boric recibió el voto anti -Kast, una especie de voto antifascista. Un Boric triunfal se muestra moderado, negociador, incluso en lo referente a los contenidos de la nueva Constitución.

                Hoy Boric es un hombre del sistema: surgido de las luchas estudiantiles como dirigente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile en 2011 por un sector autonomista, rápidamente incursionó en la política parlamentaria y participó en la conformación del Frente Amplio chileno (tomando nombre y ejemplo del Uruguay) que se planteaba como una alternativa al bipartidismo entre la Concertación y la Derecha. Como parlamentario, fue firmante del acuerdo por la Constituyente propuesto por la derecha y apoyó medidas antipopulares de carácter represivo hacia la protesta social, para luego convertirse es un candidato a medida del momento, que permita al sistema político en Chile reconstituirse, bajando las aguas de la marea popular. No es ni más ni menos que una salida electoral de tinte progresista a las causas profundas del estallido.

                En Bolivia en cambio, el gobierno golpista de Jeannine Añez que asumió el poder en noviembre de 2019, fue herido de muerte por las masivas movilizaciones populares. Si bien estas movilizaciones reclamaban convocatoria a elecciones inmediatas y por esa vía lograron la elección de Luis Arce, colocando nuevamente al Movimiento al Socialismo (MAS) en el gobierno, marcaron el fin de una dictadura que, por suerte, no termino de consolidarse.

Más allá de toda la burocracia que ha generado el MAS y los intentos por controlar a las organizaciones populares desde el Estado, son los movimientos sociales los que hoy están movilizando en la calle contra los nuevos intentos de desestabilización de la derecha. Si bien ello se puede manifestar en cierto respaldo al gobierno de Luis Arce y a la figura caudillista de Evo Morales, y con cierto “entrevero” ideológico, es interesante la presencia del pueblo en la calle para frenar a la derecha, pero también para ponerle límites al gobierno.

En Brasil, en los últimos años se establece una etapa de destrucción de derechos de forma asoladoramente rápida. El avance neoliberal presente desde 2016 trajo nuevamente el hambre y la inseguridad alimentaria a 10 millones de personas y el actual gobierno del ex militar golpista Jair Bolsonaro avanza sobre el pueblo pobre y negro con su máquina de matar gente, la policía militar. La política neo liberal de Bolsonaro, reforzó el sistema de ajuste y represión, el sistema de hambre y de muerte, mientras el mercado de lujo aumentó en 81%, representando el aumento de la desigualdad entre los más ricos y los más pobres.

                Los ataques contra los derechos sociales continúan en el país continental, a través de las políticas para retirar los derechos de los pueblos originarios, como el marco temporal y hacer la vista gorda al garimpo y a las quemas del sector agropecuario; la mayor frecuencia de ataques armados por parte de fuerzas para policiales contra los movimientos sociales en el campo y en la selva; la liberación de centenas de nuevos y más insalubres agrotóxicos, además del agravamiento de los desastres ambientales causados por la explotación desenfrenada de la minería y del sector energético.

 

La derecha latinoamericana 

                Luego de una década progresista, los distintos partidos de derecha volvieron a gobernar en la mayoría de países del área especialmente desde 2016. En este contexto tenemos dos matices de derecha que se complementan y son movilizados por la clase dominante cuando la capacidad de contener la furia de las calles desborda a los partidos progresistas del orden.

El Gobierno de Maurcio Macri en Argentina fue un claro ejemplo de embestida neoliberal, barriendo derechos, aumentando el desempleo de trabajadores públicos y privados, generando más inflación y desatando una crisis económica, que se ha traducido un inmenso empobrecimiento al menos de la mitad de la población argentina.

                Pero, sobre todo el discurso macrista venía con nuevos aires de crítica a la protección de derechos sociales y favorecer la ampliación ilimitada de los márgenes para las acciones de las empresas, especialmente las trasnacionales.

                En este punto cabe aclarar, que la agenda empresarial y de derecha que se viene imponiendo, en muchos casos trasciende el tinte partidario. En este sentido en Argentina, la carrera electoral cortoplacista y la defensa por encima de todo de la gubernamentalidad ha llevado al actual gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner a mantener continuidad en las políticas de ajuste. Esto es posible verlo en dos puntos por demás de ilustrativos. El primero, la negociación y pago de la abultada y escandalosa deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) contraída por Macri (con aval del congreso), con la consecuente sumisión a los mandatos de este organismo respecto de la política económica. El segundo, que traemos a colación porque fue uno de los hitos de resistencia a las políticas de miseria del macrismo, es el de las jubilaciones, cuya fórmula de cálculo actual es incluso peor a la anterior.

                Otros gobiernos muestran un tinte más liberal, como es el caso de Lacalle Pou en Uruguay, pero también apelan a la represión. La ley de Urgente Consideración (LUC), que tendrá una de sus partes sometida a referéndum a fines de marzo de 2022, contiene una importante estructura jurídica para avanzar en términos represivos, adelantar privatizaciones, desarrollar una quita de derechos populares e implementar un recorte del presupuesto público para áreas sociales como la educación y la vivienda, entre otros. Es un gobierno neoliberal, que intenta avanzar fuertemente en estas políticas para el período.

Otro tipo de derecha también avanza inspirada en el ascenso de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, una extrema derecha con participación de sectores fascistas y nazis, y componentes fuertemente ultraconservadores y religiosos. Jair Bolsonaro llega al Planalto siguiendo una política que ataca frontalmente las ideas de izquierda e incita sus seguidores a manifestarse violentamente contra la izquierda y los movimientos sociales. Esto en un contexto en que la violencia política contra los movimientos del campo y los pueblos originarios aumenta exponencialmente. A consecuencia de eso, hoy en Brasil vemos la ampliación de todo tipo de grupos de derecha en las calles, la reactivación de células neonazis y el aumento de casos registrados de apología pública al nazismo en 900% en los últimos 10 años.

                Esencial para el triunfo electoral de Bolsonaro en 2018, fue el apoyo de las iglesias evangélicas fundamentalistas y en una región en las que éstas ganan cada vez más presencia, desarrollando una clara actividad política e ideológica en la que machacan conceptos reaccionarios a toda la población, favorecen políticas anti derechos y defienden sus negocios.

                Otro sector importante fueron las ‘milicias’ conformadas por ex-policías y los sectores políticos más corruptos, antiguos y amiguistas. Las evidencias se acumulan en lo referente a su implicación con la mafia del sector policial y con la operación que condujo al asesinato de Marielle Franco. También se involucra abiertamente en grandes negociados con partidos y sectores empresariales de gran poder, como el agronegocio.

                Es esta derecha con gran agresividad ideológica, la que viene marcando la agenda política en los países latinoamericanos hace ya bastantes años. Es una derecha que no tolera ni un atisbo mínimo de progresismo siquiera y ahora intenta bajo el liderazgo del fujimorismo desestabilizar el gobierno de Pedro Castillo en Perú, como ayer dio un golpe de Estado en Bolivia con fuertes componentes evangélicos y racistas. Es una derecha rancia, que poco le importan las reglas del juego político liberal burgués, y que tiene claro que no tendrá reparo en apelar a golpes de Estado o al fraude electoral para conseguir sus objetivos. Han realizado masacres contra diferentes poblaciones como en Bolivia o han dejado expandir el Covid dejando morir a gente del pueblo como en Brasil. Son genocidas, sin más. 

                Esta andanada ideológica de la derecha radical penetra fuertemente en las sociedades latinoamericanas y se expanden los valores de la libre empresa, la visión de lo social como un gasto que hay que recortar, la justificación de la represión como forma de castigar el descontento y a los sectores populares solo por el hecho de ser pobres, y un imaginario en el que la sociedad es vista como una empresa privada, con todas las consecuencias que dimana de ello.

                Esta derecha habla de libertad, pero su “libertad” es pequeña, egoísta y paranoica, estando bien limitada a la esfera económica, esto es la libertad de inversiones, la libertad para el capital, y la libertad para el despliegue de las iniciativas privadas y de empresas multinacionales, en suma, libertad para los ultra ricos de hacer a su antojo y privatizar el mundo. Ejemplo bien notorio de esta tendencia es Javier Milei y su mal llamado “Partido Libertario” en Argentina, que no es más que una veta por extrema derecha del conservadurismo cultural y el neoliberalismo más simplón o el Partido Nuevo en Brasil con su composición y apoyo de banqueros e inversionistas de la bolsa de valores. Críticos de una “clase política” con la que guardan múltiples vínculos, se postulan a políticos acompañados de militantes del más rancio tradicionalismo -vaya contradicción-, y aunque dicen querer eliminar el Estado en si -reforzando en cambio el poder autoritario de los empresarios-, en la práctica de hecho se plantean administrarlo para llevarlo a su mínima expresión en lo que hace a controles al capital y políticas sociales y maximizándolo en lo que refiere a represión contra los movimientos populares.

Los libertarianos o ultra liberales con elementos fascistas, pretenden una mayor concentración de la riqueza en pocas manos y un brutal y autoritario aumento de las políticas represivas. De hecho, el propio Milei se ha declarado simpatizante de la última dictadura militar argentina que fue pionera en la implementación de las políticas neo liberales en el continente, al tiempo que ha defendido que la enseñanza debe ser enteramente privada esto es presa fácil del lucro empresarial y el autoritarismo familiar y clerical.

                Cabe aclarar que como anarquistas consideramos que estos sectores capitalistas conservadores no son libertarios como muchas veces se auto proclaman; esta denominación está históricamente ligada al socialismo libertario, otro nombre que daba Bakunin al anarquismo. Los sectores de derecha mencionados en el párrafo anterior, ajenos a la lucha contra la dominación social y defensores cerrados de la opresión capitalista, pueden ser mejor llamados ultra liberales.

                En resumen, esta derecha, en sus múltiples variantes, ha tomado nuevos bríos y desata una fuerte lucha ideológica contra toda la izquierda, en particular contra los “progresismos”. Justamente los procesos progresistas tienen allí un lado flaco, débil. Lo que han llamado “la batalla cultural” no ha sido trabajada por los gobiernos progresistas, que apuntaron a mantener la cultura política tradicional y generar una serie pactos entre el capital y el trabajo que conllevan un aumento del consumo como forma de generar supuestos valores de cambio favorables a la izquierda. De más está decir que el consumo de por sí no genera un pueblo fuerte, capaz de construir y tomar en sus manos su destino. Pero lo cierto es que cualquier pequeña medida tomada por este tipo de gobiernos es blanco de los dardos de todo el amplio abanico de la derecha, que critica estas políticas casi como si se tratara de cambios revolucionarios, cuando en realidad son “mejoras” y la mas de las veces están aún lejos de ser “reformas”, al menos.

                Es cierto que algunas de estas “mejoras” han significado que porciones importantes de pueblo vivan un poco mejor, ello no es desdeñable, pero esto sin modificar las estructuras de pobreza, desigualad y exclusión, por lo que no podemos colocar ese tipo de medidas como el horizonte político máximo y de cambio profundo al que aspire la izquierda revolucionaria. La izquierda con intención realmente transformadora debe aspirar al socialismo auto gestionario, la libertad y a las transformaciones revolucionarias.

                Para cerrar el análisis de la derecha latinoamericana en esta coyuntura, debemos señalar que las medidas de cuarentena sin condiciones sociales tomadas por los gobiernos durante la pandemia del Covid han sido utilizadas por sectores de esta corriente política, incluyendo sectores neonazis, para ganar las calles y tener una fuerte presencia pública y dar la lucha ideológica, hablando de una libertad excluyente e insolidaria como decíamos. Paradójicamente quienes aspiran a implantar el fascismo o formas similares de gobierno y sociedad en nuestros países, hablan constantemente de “libertad”, pero, además movilizan a decenas de miles de personas y canalizan a partir del odio, el miedo y la ignorancia, parte del descontento social hacia posiciones reaccionarias. Ello viene ocurriendo hace tiempo ya en Europa y esta región un buen espejo donde mirar algunos de los posibles desarrollos de este monstruo como Agrupación Nacional en Francia, Vox en España o Alternativa para Alemania. Esta también una llamada de atención para los sectores populares y de izquierda a no abandonar las calles y fortalecer la organización popular.

Perspectivas

                Hace ya unos años, concretamente en 2019, señalamos que se había abierto una etapa de lucha popular en las calles en nuestro continente. Esa etapa parece no haberse cerrado; aunque la pandemia impactó fuertemente en bajar el ritmo de ciertas movilizaciones, mientras se potenciaban otras luchas en varios rincones del continente como las de los trabajadores y las trabajadoras de la salud o los desempleados. Y seguramente, sus efectos más duraderos generarán nuevas revueltas.

                Esta etapa o ciclo no es una carrera ascendente, tiene avances, retrocesos, períodos de calma y de preparación de nuevos combates. Ha sido una característica saliente en todo este período la masividad de las protestas y su extensión y duración en el tiempo. Habrá que analizar en cada caso los avances organizativos, y a nivel político e ideológico lo que deja cada uno de estos procesos. Pero sin lugar a dudas es una etapa abierta de lucha.

                 Luchas que deben contar con un componente ineludible: la independencia de clase. Como decía León Duarte, compañero de la Federación Anarquista Uruguaya (FAU): “En lo que tenemos que confiar siempre es en nuestra lucha”. No debemos permitir que se canalicen las peleas y aspiraciones del pueblo en los rediles institucionales que matan toda la rebeldía y el protagonismo popular; la independencia de clase es el antídoto contra la institucionalización de los movimientos sociales.

                En cada caso, con sus ritmos e historia, cada pueblo va desarrollando sus luchas y experiencias. Conflictos sindicales con ocupaciones de fábricas y lugares de trabajo como El Salvador, los bloqueos y cortes de calle como en Colombia, plebiscitos contra leyes que potencian el avance represivo y privatizador como Uruguay, puebladas como en Chubut (Argentina) o en Ecuador en 2019 que hacen retroceder leyes y decisiones de gobiernos provinciales o nacionales, movilizaciones campesinas cortando rutas y tomando tierras como en Paraguay, también luchas indígenas defendiendo tierras ancestrales como en Guatemala, grandes movilizaciones por los derechos de las mujeres y las disidencias sexuales como en Chile, el movimiento negro formando nuevos quilombos o territorios colectivos como en Brasil, es decir toda una rica gama de experiencias populares que debemos ser capaces de unir en un Frente de Clases Oprimidas para lograr las transformaciones de fondo y construir una sociedad diferente.

¡¡POR EL SOCIALISMO Y LA LIBERTAD!!

¡¡ARRIBA LOS Y LAS QUE LUCHAN!!

 

COORDINACIÓN ANARQUISTA LATINOAMERICANA

 

Federación Anarquista Uruguaya (FAU)

Coordinación Anarquista Brasilera (CAB)

Federación Anarquista de Rosario (FAR)

 

Organizaciones hermanas:

Federación Anarquista Santiago (FAS)

Grupo Libertario Vía Libre (Colombia)


miércoles, 23 de marzo de 2022

Posición del anarquismo organizado a 46 años del golpe genocida


 

Este jueves es un nuevo aniversario del comienzo de la más sangrienta dictadura sucedida en nuestro país. Son 46 años de aquel funesto golpe que dejó como saldo la desaparición de 30.400 compañeras/os. A través de un plan sistemático que incluyó  robo de bebés, asesinatos, centros clandestinos de detención, torturas y demás atrocidades, y que impactó fuertemente en el tejido social, se dio comienzo a la instauración del modelo neoliberal en el país. 46 años desde esa arremetida a fuerza y plomo contras las organizaciones sociales y políticas que habían logrado constituirse en instrumentos de avanzada para poner contra las cuerdas los intereses del Estado y los poderosos.

Como siempre señalamos, la historia del anarquismo es muy rica en experiencias de lucha y resistencia, siempre enraizando su propuesta política a procesos de movilización y organización impulsados desde el seno del pueblo. La década del setenta, encuentra al anarquismo construyendo en distintos frentes sociales como la experiencia del Taller Total (Facultad de Arquitectura UNC), militancia barrial en Colonia Lola (Ambas experiencias en Córdoba) y con importante presencia en distintos sindicatos como SiTRACAAF, Luz y Fuerza entre otros. A su vez también nucleado en organizaciones políticas anarquistas: entre ellas Resistencia Libertaria y compañeras/os de la federación Anarquista uruguaya, estos últimos reorganizados en el exilio de la dictadura que estaba instalada desde 1973 en su país. Estos militantes fueron también blanco de la persecución y represión del Estado. Incontables y valiosísimas/os compañeras/os se encuentran todavía desaparecidos por el terrorismo de Estado.

El terrorismo de estado a través de sus métodos más ruines trató de disciplinar al pueblo trabajador, a los estudiantes y a aquellos que apostaban a construir una sociedad más igualitaria, sin embargo nuestros compañeros/as, luchadores/as sociales que cayeron enfrentando a la dictadura trascendieron a la historia, a la memoria colectiva de quienes no  se rinden y viven en el seno de las luchas populares cotidianas que los y las de abajo damos contra este sistema opresor, injusto y salvaje. Por lo tanto recuperar la memoria histórica de aquel proceso, a los/las compañeros/as caídos/as, hace a nuestra tarea militante, no solo por la reivindicación de nuestro pasado, sino por las disputas y luchas que se están dando en el presente. No podemos perder de vista que su lucha todavía está inconclusa, que su pelea era por una revolución social, por construir una sociedad socialista, sin hambre y miseria para el pueblo, objetivo que todavía hoy nos motoriza y orienta en nuestra labor cotidiana. La experiencia de la militancia anarquista en la década del setenta, y de la resistencia general a la avanzada reaccionaria deben ser lecciones para las luchas del presente.

En ese sentido no podemos dejar de considerar la catastrófica situación en la que se da este aniversario del golpe genocida. Con una crisis social, económica y sanitaria que no da tregua. La reciente aprobación del pacto antipopular con el FMI, sin duda marca la agenda de un empeoramiento todavía más vertiginoso de las condiciones de vida y de trabajo de la mayor parte de la población del país. A su vez la avanzada represiva de los gobiernos para hacer pasar el ajuste se profundiza, criminalizando a las y los que luchan y a las y los de abajo. El aparato represivo del Estado sigue asesinando y desapareciendo personas aún a 46 años de terminada la dictadura. Este contexto refuerza aún más la necesidad de organizarnos en todos los espacios sociales donde se exprese resistencia a la avanzada de los de arriba, como son nuestros sindicatos, lugares de estudio y barrios. Si una lección debemos recuperar de la experiencia de lucha de nuestros/as compañeras de aquella época, es que ante semejante ofensiva de los de arriba, la tarea militante no debe caer en inmovilismos, ni miedo paralizante, sino que debe apuntar a estar mejor organizados/as en los ámbitos sociales, apuntar a la máxima unidad de acción posible de las diferentes organizaciones populares, y redoblar el compromiso y la responsabilidad en las luchas de nuestro pueblo, son los pilares desde donde anclarnos para dar la pelea.

Recordamos a los compañeros/as anarquistas desaparecidos/as, especialmente aquellos/as militantes anarquistas sindicales y de Colonia Lola (Córdoba) y aquellos que pertenecieron a RL (Resistencia Libertaria) y a fAu (Federación Anarquista Uruguaya), compañeras/os que dieron lo mejor de sí para poner al anarquismo al servicio de las luchas sociales y la construcción del Socialismo Libertario. Desde el anarquismo especifista de Argentina sabemos que el mejor homenaje es continuar su lucha.

30.400 COMPAÑEROS/AS, PRESENTES!

COMPAÑEROS/AS ANARQUISTAS DETENIDOS/AS DESAPARECIDOS/AS, PRESENTES!

NO OLVIDAMOS, NO PERDONAMOS, NO NOS RECONCILIAMOS!

POR LA CONSTRUCCIÓN DE UN PUEBLO FUERTE!

ARRIBA LAS Y LOS QUE LUCHAN!

 

Marcelo “negro” Tello, Pablo “bigote” Tello, Rafael “el rata” Tello, Fernando “pata” Díaz de Cárdenas, Elsa Martinez, Hernan Ramirez Achinelli, Elvio “yogur” Mellino, Edison “melena”, Cantero Freire, Raúl “el flaco” Olivera, Rita “la turca” Artabe, Patricia Silvia “pastilla” Olivier, Luis Esteban “el chino” Matsuyama, Leon “el loco” Duarte, Gerardo Gatti, Alberto “pocho” Mechoso, Juan Pablo Errandonea, María Emilia Islas Gatti, Mario Roger Julien, Victoria “la gringa” Grisonas, Washington Domingo Queiro Uzal, Ary Cabrera Prates, Ruben "cachito" Prieto González, Telba Juárez, Eduardo Chizzola, Julio César Rodríguez, Adalberto Waldemar Soba Fernández, Rafael Laudelino Lezama González, Raúl Néstor Tejera Llovet, Washington Cram González, Jorge Roberto Zaffaroni Castilla, Cecilia Susana Trías Hernández de Cram, Armando Bernardo Arnone Hernández, Carlos Alfredo Rodríguez Mercader, Miguel Ángel Moreno Malugani, Segundo Chegenian Rodríguez, Graciela Teresa da Silveira Chiappino de Chegenián, Andres Humberto Bellizzi, Graciela Saur, Carlos Lorenzo.

¡PRESENTES!

Organización Anarquista de Córdoba

Organización Anarquista de Tucumán

Organización Anarquista de Santa Cruz

Federación Anarquista de Rosario